Abro los ojos. Todo está oscuro. Miro a izquierda y derecha, no reconozco la habitación. A mi lado, yace una joven. Está dormida, tranquila, pero por su aspecto parece que ha caído de un séptimo piso. Me incorporo de la cama y busco mi ropa ayudándome de la tenue luz que se filtra a través de la persiana. Para cuando consigo llegar al pasillo, ya vestido, veo la hora. Son las 12 de la mañana. Consigo llegar a la puerta con todo el sigilo que soy capaz de reunir.
- Hola. ¿Ya te vas? ¿No quieres desayunar algo? – me saluda una voz desde la cocina.
- No, no, muchas gracias, sólo quiero llegar a casa que tengo cosas que hacer. – respondo de manera automática, no sin mirar hacia quien tan amablemente me había invitado a compartir un café. Una chica de veintitantos, de tez pálida y larga cabellera rubia disfrutaba de un café de pie todavía con la ropa que sin duda había usado para dormir: una camiseta de algodón 3 tallas más grande que la que le correspondía y un pantaloncito corto ajustado.
- Tú mismo. ¿Una noche larga, eh?
- La verdad es que sí. Bueno, me voy, gracias. Hasta luego. – doy por terminada la conversación saliendo por la puerta y busco el ascensor con el único pensamiento de llegar a la calle. Ya desde el ascensor me parece que un “adiós” se filtra por debajo de la puerta recién cerrada.
Al abrir el portal, la realidad me golpea como una bola de acero de esas que se usan para la demolición de edificios. ¿Qué estaba haciendo con mi vida?
La brisilla me despeja un poco las ideas mientras camino por la calle buscando algo reconocible. No paraba de darle vueltas a algo en la cabeza... De repente, empieza a chispear. Me paro. Cierro los ojos y mirando hacia arriba dejo que las gotas de lluvia laven mi pena. Recuerdo días en los que la lluvia no era un método de limpiar mi conciencia, sino una oportunidad de pasarlo como un niño pisando charcos. Sigo caminando con la cazadora empapada, el cielo gris no da tregua alguna. En pocos minutos comienza a diluviar. A lo lejos, veo una boca de metro. Me encamino hacia allí. No corro, no tengo prisa por volver a casa, no tengo prisa por volver a lo de siempre...

Oiga señor DaniALV, lo de siempre no tiene nada de malo, lo de siempre es estabilidad, pero tambien puede ser sorpresas cada dia si te ocupas de hacer que cada dia cuente y sea especial...y encima cuentas con el añadido que a muchos les falta que es poder sentir que hay una estailidad y una base que sera siempre...la se siempre :)
ResponderEliminarVilch!:)
Eso si....soy fan de tu blog!:) espero que sea algo que se convierta en costumbre, leer de cuando en cuando las cositas que publicas
ResponderEliminartu Vilch de siempre