Hay veces que pierdes el rumbo. Por supuesto que las hay... Pero, ¿cuántas está permitido?
Me río por no llorar; esbozo
media sonrisa por si acaso me está mirando. Miro sin mirar. Pierdo el rumbo.
Claro que lo pierdo...
¿Cómo no voy a perderlo? Me
distraen tus andares y me distrae perdidamente que sonrías. Me distrae que
pretendas distraerme y me distrae la sola idea de que lo hagas. Me distraen tus
aires... Me distraigo yo, no es tu culpa. Tú no existes...
Además, ¿cómo voy a perder el
rumbo si nunca lo tuve? Toda mi vida ha sido bailar en círculos... Girar y
girar sobre un eje que de vez en cuando decide cambiar... ¿Qué culpa vas a
tener tú si no te conozco? ¿Qué culpa vas a tener tú si ya eres otro?
Y pierdo el rumbo. Pierdo el
rumbo hasta dibujando una y otra vez la misma circunferencia... tan rayada está
ya por el tiempo que comienza a socavar lo que parece un laberinto que pretende
encerrarme... A veces el pánico me empuja a correr - sin prisa, soy yo - y me
angustia el hecho de que por más que apure no haré más que llenarme de fango y
encarcelarme entre mis pasos...
Paso a paso pierdo el rumbo y
es ese "sinrumbo" el que acaba por
atraparme, y es esa falta la que acaba por convertirse en sí misma en un
rumbo.
¿Y qué le voy a hacer? Mi rumbo
es mi sinrumbo.
Aplauso señores.
Víctor
(Colaboración especial)

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