Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.
Mario Benedetti, 1984

lunes, 25 de febrero de 2013

El beso más salado...

...Hay veces que odias al mundo simplemente por lo que te hace pasar. Y al hablar de mundo, hablo de ese ente invisible que nunca sabes por dónde anda ni dónde se mete pero que siempre te toca para poner tu propia existencia un pelín más "patas arriba" de lo que estaba.
Si creías que no te bastaba con lo que te iba ya revolviendo las tripas, aparece el mundo y hace que se te caigan a los pies. Abre puertas y cierra otras con tanta rapidez que ni te regala ese segundo para voltearte y ver quien llama... El mundo te lo plantifica delante, con unos ojos mar profundo y una sonrisa de luz que te atonta y te obliga a pensar antes de decir un simple "hola" que, por mucho que intentes, sonará estúpido en cuanto lo pronuncies.
Las olas de su cabeza juegan con tu sentido, pero pierde el tiempo haciéndose oír cuando el mar ya está rompiendo contra las rocas.
Y la brisa te regala esa frescura con sabor a sal que deja la ola al morir en la tierra... "Así es como besa el mar". Besa cuando ya está todo perdido y lo hace como si fuese la primera y la última vez... Y cuanto más alta es la espuma, cuanta más fuerza trae en su grito final, más gotas de sal te regala traídas por el viento... Y las recibes así, de pie. Mirando al horizonte.
Tú se lo devuelves con la intención de tirarte a él, de dejar tu cuerpo desplomarse en sus aguas...
...Así juegas con el mar... Así le entregas tu corazón a las aguas... Así dejas tu alma a su sal y tus ganas jugar con sus olas. Y vuelves a perderte en sus ojos. Y aunque intentas unirte más al mar haciéndote agua...sabes que jamás podrás deshacerte en él... Ves su sal. Sus olas brillan con tanta luz... pero por más que el agua sea agua... son dos mares, y al final los acaba separando la tierra.
Y aún así... Dejas que tu corazón navegue con sus olas... consciente del riesgo que supone, pues la sal acabará corroyéndolo una vez más. Pero ya da igual... Ver cómo se va con las olas, como una botella arrastrada por la corriente, te embriaga con esa sensación de eternidad que entraña todo aquello que se hunde en sus profundidades... Y ya en el abismo, desde el acantilado en que lo ves flotar, sonríes; no sin notar otra vez la frescura en tu rostro... Y esta vez, vuelves a sonreír porque, a pesar de saber que es una lágrima, sabes que la brisa la unirá de ese mismo modo infinito e inmortal a las gotas de mar y sal que vienen a besar tu mejilla. Y así... Será un parasiempre tan bonito como difícil de olvidar...


Colaboración de Víctor


martes, 22 de enero de 2013

Regalo de Cortázar

No he sabido encontrar mejor manera de reinaugurar mi blog que con el microrrelato que, cuando años atrás llegó a mis manos, consiguió dejarme sin aliento. Sin duda, no me equivoco al elegirlo.




"Continuidad de los parques" de Julio Cortázar.
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

sábado, 13 de octubre de 2012

Ab æterno

"No volveré a callarme nada".

...

"No volveré a guardarme para mí nada de lo que siento".

...

La experiencia me ha enseñado que la ocasión que esperas para decirle algo a alguien puede no llegar nunca.

...

Ya estoy cansado de quedarme con ganas de muchas cosas, de quedarme con la sensación de poder haber hecho algo más, de quedarme lamiéndome las heridas como un pobre gato solitario. Ya no voy a quedarme esperando más, voy a ir directo y sin dudas a buscar lo que quiero. Sin quedarme a medias, sin medias tintas, que las únicas medias que haya en mi vida sean las tuyas al sol, sin medias verdades.


Sí, echo de menos tus abrazos. De ti, tus cafés. A las otras 2 tías duras. A vosotros 3 enteros. A mi compañera de viajes diarios. A la que algún día fuiste, que tristemente ya no existe. Y sí, a ti también, aunque creo que tu cobardía hace que no te lo merezcas. Y sobre todo a ti y a tus paellas, por darnos todo a cambio de nada.



[En los mapas me pierdo, 
por sus hojas navego. ]

sábado, 8 de septiembre de 2012

Angel from my nightmare

Comunicación. Valentía. Iniciativa. Espontaneidad. Inconformismo. Ilusión. Fuerza. Confianza. Pasión. Picardía. Paciencia. Exigencia.  Sinceridad. Respeto. Confianza. Sorpresa. Positivismo. Cariño. Diversión. Inocencia.

¿Dónde estáis? ¿En qué momento me dejasteis atrás?



"We can live like Jack and Sally if we want.
Where you can always find me,
we'll have Halloween on Christmas
and in the night we'll wish this never ends"

domingo, 5 de agosto de 2012

Vía 3

Miles de voces mudas llevan horas machacando mis oídos. Pies y maletas se cruzan delante de mi desenfocada mirada, todas con un destino, todas sabiendo qué le deparará la llegada.
Yo llevo horas sentado en los bancos de una estación de tren cualquiera. Sólo llevo una mochila, no necesito más de mi pasado. Quiero viajar lejos, donde nadie me critique por lo que hice sin pedirme el motivo, donde nadie me juzgue por lo que no hice sin animarme a arriesgar, donde una amistad no sea una obligación sino una salida a otra realidad.
Me levanto, camino hacia las taquillas y compro un billete de ida para el primer tren que se aleje de mi antiguo yo.

-Vía 3, en 5 minutos.

Mis zapatillas ya caminan solas hacia lo que creo un futuro mejor. Me subo al vehículo de mi próxima felicidad. Miro por la ventanilla, me despido sin tristeza de todo.

...

Tus palabras aun retumban en mi mente. En unos segundos las borraré para siempre.

...

Cobardes. Eso es lo que somos, los cobardes más tristes.


Demasiado cielo para tan pocas alas,
demasiado tiempo a solas,
demasiadas balas para esquivarlas todas,
demasiada oscuridad para moverte,
demasiada vida para echarla a suertes con la muerte...