Me había colgado. Ese era uno de esos momentos en los que arrojarías el móvil contra la pared con la fuerza suficiente para atravesarla, pero todo acabaría en decepción y el teléfono triturado en el suelo.
Sólo quería gritar. Sacar lo que llevaba dentro. Rabia. Incomprensión. Respiré profundamente dos veces, como me enseñaron una vez para no hacer algo de lo que pudiera arrepentirme.
Me tumbé en la cama, me puse los cascos y me sumergí en unas melodías que conocía de memoria con el ciego convencimiento de que sólo así me calmaría. La luz apagada, un sutil aroma a café que llegaba desde la cocina y mis pensamientos diluidos en letras nimias.
...
Sin duda, la música amansa a las fieras.

Sin duda! Me ha gustado la entrada en el blog! La música es uno de los mayores placeres que hay!
ResponderEliminarGracias Marisa¡! Desde luego que tenemos que disfrutar de la música a cada momento que podamos! 1beso
Eliminar